La tecnología aplicada a los servicios financieros puede convertirse en una poderosa herramienta para democratizar la inversión.
En el universo fintech, las ideas, conversaciones y debates pueden percibirse como algo distante, reservado a círculos especializados que parecen perseguir beneficios abstractos y de difícil comprensión para el público general. Sin embargo, el ecosistema fintech tiene el potencial de acercar estructuras tradicionales, a menudo percibidas como complejas o rígidas, a un número mucho mayor de personas. Utilizada de manera adecuada, la tecnología aplicada a los servicios financieros puede convertirse en una poderosa herramienta para democratizar la inversión, ampliando el acceso a oportunidades que históricamente han estado reservadas para unos pocos. Un buen ejemplo de esto es la tokenización de activos.
Tokenizar consiste en transformar un activo de forma tal que pueda representarse digitalmente dentro de una infraestructura de registro distribuido o blockchain, es decir, una plataforma tecnológica compartida que permite registrar y verificar transacciones de forma simultánea y segura.
Esta transformación posibilita que un activo que tradicionalmente sería de difícil división pueda representarse mediante un “token” y, a su vez, dividirse en múltiples fracciones de representaciones digitales. Así, una persona ya no necesita adquirir la totalidad de un activo para participar en una inversión pues le basta con adquirir uno o varios tokens que representen una parte de este.
Por ejemplo, un fondo de inversión compra un inmueble de gran valor y con expectativas de valorización atractivas. Mediante la tokenización, ese inmueble puede fraccionarse digitalmente y cada una de esas fracciones ponerse a disposición de inversionistas. De esta manera, personas que de otro modo no tendrían la capacidad económica para participar en una operación de esa magnitud pueden acceder a ella mediante la adquisición de tokens que representan una participación en el activo subyacente.
En Argentina, la Comisión Nacional de Valores ha permitido la emisión, oferta y negociación de tokens respaldados por activos del mundo real. En Brasil, la Comisión de Valores Mobiliarios ya trabaja en el desarrollo de un marco regulatorio que permita la incorporación de valores tokenizados, garantizando la protección de inversionistas. Por su parte, en El Salvador, las actividades de negociación y custodia de activos tokenizados deben realizarse a través de proveedores debidamente licenciados.
La tokenización es un negocio atractivo en todo el mundo y por supuesto en Colombia, pero las autoridades deberán acelerar su accionar como ya lo han hecho otros países de la región y proveer un marco regulatorio que brinde seguridad y estabilidad. Hoy, no existe una delimitación clara de las normas aplicables a los activos digitales y tokenizados y, por el contrario, persiste una postura restrictiva frente a la participación de las entidades financieras en este ecosistema.
En ese contexto, surgen interrogantes claves: ¿Podrán estos tokens ofrecerse y negociarse en el mercado de valores? ¿Se establecerá una licencia para los proveedores de estos servicios? ¿Cuáles serán los parámetros aplicables a la custodia de los activos representados? ¿Se protegerá a los inversionistas que cuenten con un menor número de tokens?
Estas son algunas de las preguntas que deberán resolverse a medida que la tokenización continúe consolidándose como una alternativa de inversión e inclusión.





