Continuamente en el mercado interactúan productos o servicios que compiten por posicionarse para incidir en la elección del consumidor. El mercado colombiano no es ajeno a dicha situación, considerando que cada vez son más los productos o servicios que se incorporan con la finalidad de generar un efecto positivo en el proceso intelectual de los consumidores para llevarlos a elegir determinado producto o servicio. Lo anterior, adquiere mayor fortaleza con lo señalado por Confecámaras, quien informó que, en el primer trimestre de 2021, aumentó en un 9,3% la creación de empresas en el territorio nacional en comparación con el mismo periodo del año 2020, lo cual se traduce a su vez en un aumento considerable del emprendimiento y de la actividad productiva. A propósito, el sector que más ha tenido crecimiento es el comercio al por mayor y al por menor, que presentó un crecimiento del 27,2% comparado con el año anterior, seguido por el sector industria con un incremento del 17,9%.
Con el anterior incremento y los nuevos emprendedores que surgen periódicamente, adquiere gran relevancia el registro marcario como vehículo para lograr consolidar en el mercado un producto o servicio que genere confianza en el consumidor. En efecto, las marcas contienen valor y constituyen un activo intangible al generar beneficios futuros y ser objetivamente mesurables por su posibilidad de ser medidos económicamente.
Cada competidor que ingresa al mercado quiere diferenciarse de los demás y es a través de la marca como puede llegar a generarse una impresión positiva o negativa en el consumidor final. Al respecto, las marcas tienen su punto de partida en las creaciones que surgen del intelecto humano y, en términos generales, se consolidan como signos distintivos que contienen el potencial para que cada producto o servicio se diferencie en el ámbito de la libre competencia dentro de un determinado mercado, otorgando con el registro derechos de exclusividad a su titular para que la explote económicamente, logrando que su producto o servicio logre posicionarse a lo largo del tiempo. Bajo este panorama, la marca en efecto genera un valor añadido a los productos o servicios y llega a representarse como uno de los activos principales o más importantes del sector empresarial.
Para materializar dicho valor, el registro marcario ante la Superintendencia de Industria y Comercio se presenta como el vehículo apropiado para que se desplieguen cada uno de los derechos que implican la protección de la marca sobre un producto o servicio en términos de exclusividad. Finalmente, cabe agregar que el análisis realizado por el interesado debe contemplar el cumplimiento de los requisitos propios de la marca a registrar, esto es, aptitud distintiva y representación gráfica, evitando que la misma se encuentre inmersa en una causal de irregistrabilidad absoluta o relativa en los términos de la Decisión 486 de la Comunidad Andina de Naciones.
Con un adecuado registro marcario, el titular de la marca podrá reportar utilidades ya sea por la explotación de esta en una o varias clases de productos o servicios, o por la concesión de licencias de uso. La libre competencia permitirá que la marca registrada se posicione y aglomere una cantidad considerable de consumidores que demanden el producto o servicio por la afinidad que encuentren, no solo hacia estos, sino hacia la marca protegida y generadora de confianza.
Seguramente con el panorama económico actual en el ámbito nacional, se seguirá evidenciando un incremento en el registro marcario como factor positivo en materia de propiedad intelectual que incentive la competencia entre los diferentes actores del mercado.






