La propiedad intelectual no retrasa lanzamientos; evita tener que rehacerlos.
Lanzar un producto nuevo suele ser un momento emocionante: hay estrategia, creatividad, presión por salir al mercado y, muchas veces, una carrera contra el tiempo. En ese proceso, la propiedad intelectual suele verse como un paso posterior, algo que se revisa “cuando haya tiempo”. Sin embargo, en la práctica, es precisamente antes del lanzamiento cuando más valor puede aportar.
Uno de los errores más comunes es asumir que el nombre del producto está disponible simplemente porque “no lo usa nadie” en redes o porque el dominio web está libre. La realidad es que la disponibilidad marcaria requiere un análisis más profundo. Un nombre puede no estar siendo usado activamente y aun así estar registrado o solicitado por un tercero, lo que puede generar oposiciones, rechazos o incluso conflictos legales, una vez el producto ya está en el mercado. Cambiar de nombre después del lanzamiento no solo es costoso, sino que implica perder posicionamiento y confianza.
Otro punto crítico es el contenido asociado al producto: imágenes, videos, música, diseños o incluso textos. En muchas campañas se utilizan recursos que parecen “libres”, extraídos de internet o de bibliotecas digitales, sin verificar si cuentan con las licencias adecuadas para uso comercial. Esto es especialmente delicado en redes sociales, donde las condiciones de uso de las plataformas no necesariamente contemplan fines publicitarios. El resultado puede ser la baja de contenido, reclamaciones de terceros o afectaciones reputacionales.
También es frecuente que, en la urgencia del lanzamiento, no se formalicen adecuadamente los contratos con agencias, diseñadores o creadores de contenido. Sin un acuerdo claro sobre la titularidad de los derechos, puede surgir una situación en la que la empresa no tenga pleno control sobre los activos que está utilizando para promocionar su propio producto. A largo plazo, esto puede limitar el uso del material o generar conflictos innecesarios.
Desde una perspectiva estratégica, la propiedad intelectual no debería verse como un obstáculo, sino como una herramienta para generar valor. Un buen manejo desde el inicio permite no solo evitar riesgos, sino también consolidar activos que diferencian el producto en el mercado: una marca sólida, una identidad visual protegida y contenidos correctamente licenciados.
Por eso, antes de lanzar, vale la pena hacerse algunas preguntas clave: ¿la marca está disponible y protegida?, ¿tenemos los derechos sobre todo el contenido que vamos a usar?, ¿los contratos con terceros cubren adecuadamente la cesión de derechos?, ¿hay algún elemento diferenciador que pueda protegerse adicionalmente?
Incorporar estas revisiones en la fase previa al lanzamiento no necesariamente retrasa el proceso; por el contrario, lo fortalece. Permite salir al mercado con mayor seguridad y evitar ajustes costosos más adelante.
Al final, lanzar un producto no es solo una cuestión de timing o creatividad. También es una decisión jurídica y estratégica. Y en ese contexto, la propiedad intelectual deja de ser un trámite para convertirse en una verdadera aliada del negocio.
María Camila es asociada del área de marcas desde el 2024 en Lloreda Camacho & Co. Abogada de la Pontificia Universidad Javeriana y Magíster en Propiedad Intelectual de la Universidad de los Andes. Cuenta con experiencia en manejo de portafolio de marcas de clientes nacionales e internacionales, así como en infracciones marcarias.





